Paradoja del gato de Schrodinger

Experimento mental propuesto por el físico alemán Erwin Schrödinger para explicar la naturaleza de las observaciones y predicciones de la teoría cuántica. Schrödinger propuso una caja que contenía un gato, una partícula radiactiva y un frasco de veneno. La partícula radiactiva tenía un 50% de probabilidades de desintegrarse en un plazo de una hora; si lo hacía, el veneno se liberaba y el gato moría. La partícula y el gato constituían por lo tanto un sistema sometido a las leyes de la mecánica cuántica, ya que la suerte del gato dependía de la suerte de la partícula. Como para cualquier otro sistema cuántico, el gato y la partícula estaban descritos por una función de onda. La pregunta de Schrödinger era: ¿Está el gato vivo o muerto? Schrödinger afirmaba, siguiendo la interpretación clásica de la cuántica conocida como interpretación de Copenhague, que sólo el hecho de observar el interior de la caja permitía que el gato viviese o muriese. Hasta la intervención de un observador externo, el gato estaba en un extraño estado vivo-muerto. Al abrir la caja y mirar, el observador colapsaba la función de onda a un estado u otro.

La paradoja de Schrödinger es un buen ejemplo de uno de los pilares de la interpretación de la mecánica cuántica: el observador es tan importante como el sistema que observa. Sin él, el sistema está indefinido entre cualquiera de las situaciones posibles. Esta visión del mundo de la teoría cuántica está profundamente conectada con la interpretación de los muchos mundos, según la cual cada observación de la caja provoca la formación de dos mundos paralelos, uno en el que el gato está vivo y otro en el que el gato está muerto. Según dicha interpretación cada instante se genera un número infinito de tales universos. Una de las muchas novelas que tratan sobre mundos paralelos es LA LLEGADA DE LOS GATOS CUÁNTICOS, de Frederik Pohl, cuyo título hace clara alusión a la pardoja propuesta por Schrödinger. CRONOPAISAJE, de Gregory Benford, ahonda notablemente en este tema y cómo el observador colapsa el universo a uno a u otro estado según sus acciones. En los últimos años el australiano Greg Egan ha retomado el tema, con su metafísica habitual, en CUARENTENA, donde se describe cómo una serie de experimentos podría llevar a que un ser humano manipulase el mundo que lo rodea.

© Jacobo Cruces Colado, (392 palabras)