Olfato

Es el sentido que percibe los olores. Se halla localizado en la porción superior de las fosas nasales. La membrana mucosa de esta zona es muy gruesa y adopta una coloración amarillenta, razón por la cual recibe el nombre de pituitaria amarilla. Además de células epiteliales, en la pituitaria amarilla se encuentran las células nerviosas o receptores olfatorios encargados de percibir los olores. De dichos receptores olfatorios, que están conectados directamente a los nervios olfatorios, la información es enviada al cerebro donde será procesada.

Una de las características de los receptores olfatorios es su capacidad de acomodación, es decir, son capaces de percibir cantidades muy pequeñas de una sustancia olorosa, pero pierden muy pronto esta capacidad y se necesitan cantidades mayores de esta sustancia, o la exposición a otra distinta, para volver a percibirla.

El olfato cumple una misión importante para diferenciar el gusto de las sustancias que se encuentran dentro de la boca. Es decir, muchas sensaciones que se perciben como sensaciones gustativas, tienen su origen, en realidad, en el sentido del olfato. En otras palabras, podemos identificar cuatro o cinco cualidades gustativas pero más de 400.000 olores diferentes. A pesar de la dificultad de describir y clasificar los olores, ciertas investigaciones indican la existencia de siete olores primarios: alcanfor, almizcle, flores, menta, éter (líquidos para limpieza en seco, por ejemplo), acre (avinagrado) y podrido.

El olfato de los humanos es bastante limitado en comparación con el de otros animales. Los perros tienen el sentido del olfato mucho más desarrollado que el de la vista, tanto que su mundo está condicionado por este sentido. A pesar de ello la criatura que tiene el olfato mejor desarrollado es la mariposa nocturna Eudina pavonia, cuyo macho es capaz de detectar las feromonas de la hembra a 11 kilómetros de distancia.

La literatura ha reflejado la importancia que posee este sentido. William Shakespeare, Rudyard Kipling, Marcel Proust, James Joyce, Flann O`Brien y Patrick Süskind entre otros han acertado al reconocer al olfato como un estímulo emocional capaz de cambiar el pensamiento, provocar memorias y alterar el sentido del humor. Cabe preguntarse si el olfato sigue siendo importante para la vida moderna. O lo que es más importante, ¿Puede el olfato ser usado para manipular el comportamiento, pensamientos, sentimientos, percepción, acción, en la misma forma en que las visiones y sonidos lo hacen? Parece ser que sí, las grandes superficies suelen colocar la entrada cerca de la zona de productos que posean un buen olor, el pan recién hecho, por ejemplo, para incentivar a sus clientes.

La ciencia-ficción no ha sido ajena a este tema y lo ha tratado de formas variopintas. Desde dar un simple toque exótico a la obra como en el caso de Jack Vance hasta la descripción de sociedades dónde el sentido del olfato es importante, como en LOS AMANTES, de Philip José Farmer, quién describe en esta novela a unos simpáticos insectos humaniformes, los wogglebugs, que no tienen forma de ocultar sus sentimientos y emociones debido a que emiten unos olores que delatan inmediatamente su estado anímico. De hecho al ponerse nerviosos liberan una especie de bolsa de apestoso gas. Los psiquiatras wogglebugs tienen que abrir las ventanas cuando sus pacientes liberan las tensiones acumuladas.

El tema reaparece en RAKHAT de Mary Doria Russell, novela en la que el comportamiento de los alienígenas felinos se basa mucho en el olfato.

En EL SILENCIO ES MORTAL de Lloyd Biggle, Jr. el sentido del olfato es importantísimo para los alienígenas del relato, unos humanoides que no tienen sentido del oído por razones evolutivas y suplen su carencia con un olfato portentoso. Naturalmente este hecho causa problemas a los espías terrestres infiltrados entre sus filas.

Entre las utopías no tan utópicas tenemos OXYGEN OCH AROMASIA del sueco Claës Lundin. La sociedad del relato ha llegado a un grado de sofisticación tal que tienen cubiertas sus necesidades. Incluso tienen órganos odoríferos, el odophore, con lo que dar conciertos musicales de carácter olfativo. Como todas las buenas distopías, ésta se derrumba en la escena en la que el cacharro se estropea.

La combinación de olores no tiene por qué dar resultados nefastos. De hecho en MARUNE: ALASTOR 933, incluida en ALASTOR de Jack Vance saber mezclar fragancias es todo un arte.

En las obras de terror, las de Lovecraft por ejemplo, se asocian olores hediondos a las abominaciones que las pueblan para resaltar el horror insondable que provocan.