La ingeniería genética puede definirse como La manipulación deliberada de la información genética, con miras al análisis genético o al mejoramiento de una especie.
Hay varios hitos importantes en esta ciencia. El primero es el descubrimiento en 1953 de la estructura molecular del material genético o ADN por Watson y Crick. El segundo se produce en 1970 con el inicio de la manipulación enzimática del ADN.
Los procedimientos que se utilizan reciben el nombre de métodos del ADN recombinante o clonación molecular del ADN. Desde la prehistoria hasta hoy en día, la utilización potencial de los seres vivos se desarrollaba por selección artificial de aquellos individuos que mostraban más pronunciadamente una determinada característica. Esta es la razón de que haya tantísimas razas de perros, por no mencionar que nuestra alimentación se basa en la selección y aprovechamiento de aquellas variedades, vegetales o animales, que mejor se adaptan a nuestra nutrición o, en algunos casos, a nuestros gustos.
La ingeniería genética molecular supone un avance cuantitativo y cualitativo porque incrementa las posibilidades de acción sobre el acervo genético; además de seleccionar los genes que más convengan de una especie, éstos se pueden modificar, rediseñar e incorporarles fragmentos procedentes de otras partes del genoma; incluso entra dentro de lo factible diseñar nuevos genes.
Son numerosos los beneficios que puede producir la ingeniería genética. Un ejemplo, dentro de la medicina humana, puede ser la producción de insulina recombinante en bacterias. El gen para la insulina, habitual en los animales superiores, se puede ahora introducir en células bacterianas mediante un plásmido u otro vector. El cultivo de bacterias en cantidades industriales no supone ningún misterio, por lo que tendríamos una fuente abundante de esta insulina a un precio relativamente bajo e independientemente del suministro de tejido pancreático animal, que tiene inconvenientes como la posible transmisión de enfermedades. Otros usos de la ingeniería genética son el aumento de la resistencia de los cultivos a enfermedades, la producción de compuestos farmacéuticos en la leche de los animales, la elaboración de vacunas como la de la hepatitis B, la alteración de las características del ganado... las aplicaciones posibles son casi infinitas. En los últimos años empieza ya a experimentarse con la modificación de los genes causantes de ciertas enfermedades hereditarias.
Dentro de la ciencia-ficción, nos encontramos con el precedente clásico de LA ISLA DEL DOCTOR MOREAU, obra de H. G. Wells llevada posteriormente al cine, la cual retoma en cierto modo el mito de Frankenstein: el doctor Moreau es un científico que se dedica a experimentar con animales potenciándolos hasta convertirlos en remedos de seres humanos. También muy conocido es el fix-up de James Blish SEMILLAS ESTELARES, una original alternativa a la habitual terraformación de planetas extrasolares; aquí, en lugar de adaptar los planetas a la vida humana, es la humanidad la que es modificada genéticamente para adaptarse a las condiciones ambientales de cada planeta concreto, llegándose incluso a transformarla, en el relato TENSIÓN SUPERFICIAL, en una especie microscópica. Otro clásico del género es el conjunto de relatos de Cordwainer Smith que tienen por marco el universo regido por los Señores de la Instrumentalidad, los cuales han desarrollado toda una serie de razas subhumanas a partir de animales: hombres-perro, hombres-gato, hombres-tigre, hombres-tortuga, etc. Pese a ser tan humanos, tanto en su intelecto como en sus sentimientos, como los verdaderos hombres, estos seres son utilizados como razas esclavas al servicio de la humanidad, algo que hoy se consideraría sin duda políticamente incorrecto pero que en la época en la que fueron escritos los relatos, con la discriminación racial todavía vigente en los Estados Unidos, no debía de serlo tanto.
John Varley es otro autor que ha tratado ampliamente el tema de la ingeniería genética en su serie de los Ocho Mundos. Así, por ejemplo, la protagonista de Y MAÑANA SERÁN CLONES diseña alimentos como la bananacarne por ingeniería genética, y el/la protagonista de PLAYA DE ACERO lleva a cabo un cambio de sexo, el Cambio, sin traumas de ningún tipo. Pero curiosamente la humanidad descrita por Varley tiene un fuerte tabú hacia la experimentación con el ADN humano.
La ingeniería genética es también el tema central de la muy reciente trilogía de los Insomnes, compuesta por MENDIGOS EN ESPAÑA, MENDIGOS Y OPULENTOS y LA CABALGATA DE LOS MENDIGOS, de Nancy Kress. En esta serie una modificación realizada en el genoma de embriones permite que estos seres humanos, los insomnes, no necesiten dormir. El efecto inmediato es que tienen más tiempo para aprender y por una serie de cuestiones seudocientíficas son también más inteligentes. Automáticamente se establece una especie de sociedad de clases escindida entre los insomnes y los normales. Con el tiempo aparece una raza de superinsomnes, aún más inteligentes que los insomnes, que desarrollan un virus que transmite la capacidad de la fotosíntesis a la humanidad. La gente ya no necesita comer, con la luz del sol y poca cosa más les basta.
Existen muchos más ejemplos en el género. La novela LOS VIAJES DE TUF, de G. R. R. Martin, está protagonizada por un curioso personaje, Havilland Tuf, que viaja por toda la galaxia resolviendo toda clase de problemas ecológicos mediante el sabio uso de la ingeniería genética. El poder de tal personaje, capaz de introducir nuevas especies diseñadas a medida, raya casi en lo divino, y de hecho muchas de sus intervenciones para proporcionar nuevas fuentes de alimentos a un hambriento planeta son irremediablemente comparadas con la multiplicación de los panes y los peces descrita en la Biblia.
Evidentemente los españoles no se quedan atrás. Los angriffs de MUNDOS EN EL ABISMO, de Javier Redal y Juan Miguel Aguilera (también conocida como MUNDOS EN LA ETERNIDAD en la nueva versión), son criaturas modificadas genéticamente para librar una guerra contra máquinas y morir al cabo de un cierto tiempo. Ambos autores (no en vano Redal es biólogo) presentan también a los colmeneros, humanos que han modificado drásticamente su genoma para vivir en el espacio exterior. Y en EL REFUGIO dan un paso más allá para proponer una raza de hipotéticos marcianos capaces de diseñar máquinas y herramientas biológicas almacenadas en forma de ADN; a fin de cuentas, si el ADN describe un ser vivo puede describir casi cualquier cosa.
Un caso bastante más complicado es la reconstrucción de un ser vivo a partir de ADN fósil. La complicación está en extraer el ADN fosilizado necesario y reconstruir la secuencia de todo el genoma, ya que el ADN no resiste bien el paso del tiempo. Los científicos dudan de si el futuro nos deparará esta posibilidad, que hoy en día parece poco factible.
Pero como siempre esto no ha detenido a los autores de ciencia-ficción. Basándose en esta idea, Michael Crichton creó la exitosa PARQUE JURÁSICO, aprovechada hasta la saciedad por la industria cinematográfica para producir la correspondiente película y sus secuelas. En dicha novela, se especula con que el ADN de la sangre de dinosaurios chupada por insectos fosilizados es recuperable. Y de ahí a que unos paleontólogos lo utilicen para crear por clonación un zoológico de dinosaurios sólo hay un paso.
Es necesario distinguir el proceso descrito en la novela de la verdadera clonación, que trata de obtener gemelos de individuos ya existentes a partir de núcleos celulares intactos. El ejemplo clásico es la oveja Dolly. En este caso se hizo un cultivo de células epiteliales procedentes de la protagonista y se les extrajo el núcleo para implantarlo en otras células. Los cromosomas del núcleo no sufren ninguna modificación por lo que no se puede hablar de ingeniería genética en sentido estricto y sí de ingeniería celular.
Dentro de la filmografía también cabe destacar la película GATTACA, profunda reflexión sobre los cambios que conllevan las técnicas del ADN recombinante en un mundo dominado por los avances de la ingeniería genética, que tiene la posibilidad de conocer detalladamente nuestros genes. Fruto de ese conocimiento, surge un nuevo tipo de racismo, el que recae sobre los seres con defectos genéticos.
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