Inercia

Propiedad de un cuerpo que tiende a oponerse a toda variación en su estado de reposo o de movimiento. La inercia fue descrita por vez primera cuando Newton enunció sus tres leyes y es uno de las ideas fundamentales de la rama de la física conocida como dinámica. A pesar de ello es un concepto que produce gran confusión, debido a la identificación que suele hacerse entre peso y masa. Ésta última es precisamente la medida cuantitativa de la inercia.

Supongamos que recorremos un supermercado empujando un carrito cargado hasta los topes. Todos hemos experimentado el curioso fenómeno de tener que ejercer una cierta fuerza para que el carrito cambie de dirección; y el carrito parece tener cierta tendencia a continuar en su dirección original. Igualmente, al tomar una curva con un coche éste tiende a continuar en la dirección que llevaba antes de que girásemos el volante. Estos dos ejemplos son demostraciones de la inercia y la primera ley de Newton: si no se ejerce una fuerza para cambiar el curso de un objeto, éste continua en la misma dirección que llevaba. Igualmente, un objeto en reposo tiende a continuar en reposo. Nos sentiríamos muy sorprendidos si el objeto comenzase a moverse sin una fuerza que lo animase.

La ciencia ficción proporciona ejemplos inmejorables para la comprensión de la inercia. En general, estos ejemplos transcurren en el espacio, ya que es el medio newtoniano perfecto: ausencia de rozamiento. Así, la construcción de una estación espacial en órbita es una tarea peligrosa. Aunque las piezas se hallen en caída libre, y por lo tanto carezcan de peso, siguen teniendo masa, y por lo tanto inercia. Un astronauta podría mover un objeto de toneladas de masa con facilidad, ya que al no pesar éste y no haber fuerza de rozamiento, no hay problemas para poner algo en marcha. Sin embargo, hacerlo cambiar de dirección o frenarlo requiere la misma fuerza que antes, dado que la inercia no ha desaparecido.

De hecho, este fenómeno es responsable de una las mayores falacias de la ciencia ficción cinematográfica: las batallas de cazas. En ellas, pequeñas naves ejecutan preciosos giros y cabriolas en el vacío, mientras disparan rayos luminosos de todo tipo. Esa escena es lamentablemente imposible dado que un avión puede girar en la atmósfera porque ésta ejerce rozamiento y permite que haya una fuerza que cambie la trayectoria del aparato. En el vacío no hay dicha fuerza, por lo que un caza dotado únicamente de esos vistosos impulsores traseros tendría que llevar además un gran número de impulsores laterales para ejecutar sus maniobras. Los OVNIS supuestamente avistados por todo el planeta son igualmente capaces de ejecutar maniobras en las que no parecen poseer inercia.

Otra confusión muy común es identificar la inercia de un cuerpo que gira con una fuerza. En realidad, en física puede estudiarse un sistema como si estuviese sometido a dicha fuerza, que recibe el nombre de fuerza centrífuga. Así, la clásica estación espacial toroidal o cilíndrica en rotación popularizada por el género tiene lo que se llama seudogravedad. Es el caso que aparece en la estación espacial de 2001, UNA ODISEA DEL ESPACIO, de Stanley Kubrick, donde la rotación de la estación de tránsito permite a los viajeros disfrutar de un cierto peso (en realidad, disfrutan de su propia inercia). Algo similar ocurre en la estación protagonista de Babylon 5. Esto no se debe a ninguna fuerza nueva. Simplemente, y según las leyes de Newton, la inercia hace que la persona tienda a continuar en reposo o con la trayectoria que llevaba, pero la curva de la estación le obliga a girar; es la inercia la que empuja a nuestro personaje contra las paredes, dándole la sensación de peso. Esto es claramente explicado en CITA CON RAMA, de Arthur C. Clarke, donde se cita en presencia de un viejo físico cascarrabias que gracias a la fuerza centrífuga los astronautas que exploran Rama pueden experimentar un cierto peso. El físico se limita a gruñir: No existe esa llamada fuerza centrífuga. Es un fantasma de la ingeniería. Sólo existe la inercia.

© Jacobo Cruces Colado, (680 palabras)