Fuerza centrífuga

En física es posible estudiar un sistema en rotación como si éste estuviese realmente sometido a una fuerza (se denomina a este tipo de sistemas no inerciales; recuérdese la primera Ley de Newton). Así, cuando conducimos un coche y tomamos una curva muy cerrada notamos que somos empujados hacia la parte externa de la curva, como si el coche tendiese a desplazarse hacia afuera. Intuitivamente parece claro que se produce una fuerza, que recibe el nombre de fuerza centrífuga. Sin embargo no existe ninguna causa creadora de esta fuerza ya que en realidad no es más que la inercia, que tiende a hacer que el coche prosiga en línea recta sin tomar la curva.

La fuerza centrífuga está muy presente en nuestras vidas. Por ejemplo, cuando el tambor de una ropa gira a varios cientos de revoluciones por minuto se seca la ropa en un proceso que llamamos precisamente centrifugación. Una vez más, no existe la fuerza centrífuga. Simplemente, la inercia hace que el agua tienda a seguir en línea recta y escapa por las perforaciones del tambor. De igual forma las centrifugadoras que funcionan en los laboratorios separan sólidos de distinta densidad girando con velocidades muy elevadas. Una vez más, ese fantasma llamado fuerza centrífuga es el responsable de la separación.

La ciencia-ficción está plagada de ejemplos en los que la fuerza centrífuga es la protagonista. Así, la estación espacial de 2001, UNA ODISEA DEL ESPACIO o la estación Babylon 5 son ejemplos de sistemas en rotación donde la fuerza centrífuga proporciona a los ocupantes de las estaciones una sensación de peso. Lo mismo ocurre en la Discovery, la nave de 2001, o en los veleros solares de la Utsarpini en MUNDOS EN EL ABISMO, de Javier Redal y Juan Miguel Aguilera. Los tripulantes hacen su vida normal en una centrífuga que gira constantemente para proporcionar la ilusión de una gravedad terrestre.

© Jacobo Cruces Colado, (314 palabras)