Cuando a mis doce o trece años leí por primera vez esta novela, la primera que caía en mis manos de la Saga de los Aznar, confieso que me quedé francamente extasiado. Yo conocía con anterioridad bastantes novelas de la colección Luchadores del Espacio y ciertamente me gustaban; pero ésta habría de rebasar con creces los límites de mi admiración al tiempo que me abría las enormes posibilidades de toda una Saga de cuya existencia no había tenido hasta entonces ni la más remota idea.
Hoy en día, siendo yo mucho más pragmático y exigente, sigo encontrando que ésta es una excelente novela que culmina con todo derecho la magnífica serie de los sadritas. Su dinamismo hace olvidar las discutibles teorías científicas que en ella se barajan, y tanto la calidad literaria de la misma, apenas retocada en la segunda versión, como la espléndidamente lograda portada que tanto me impresionara de pequeño, contribuyen a redondearla sin dejar apenas fisuras.
Comienza la novela describiendo el retorno a la Tierra de los supervivientes de Oberón, regreso que coincide con la confirmación por parte de los científicos de la necesidad imperiosa que tienen los sadritas de transmutar el Sol en una estrella de helio mortal para los terrestres... Y efectivamente lo transmutarán apenas unos meses después, cuando los terrestres no estaban todavía preparados para la guerra. Un enorme autoplaneta repleto de helio y lanzado a velocidades próximas a la de la luz, lo cual de acuerdo con la Teoría de la Relatividad hizo aumentar miles de veces su masa, pasa rozando a la Tierra para incrustarse en el Sol transmutándolo inmediatamente en un astro de helio. Por si fueran pocas las desgracias, la Tierra ve detenido su movimiento de rotación a causa de la atracción gravitatoria del intruso.
El Sol ha muerto, siendo sustituido por una estrella dañina bajo la cual no puede prosperar la vida de carbono, razón por la cual la humanidad se ve abocada por tercera vez a una evacuación masiva de sus tres planetas (Venus, la Tierra y Marte) marchando en forzado exilio a Redención, salvo un pequeño grupo encabezado por los Aznar que preferirá partir en busca de los lejanos planetas thorbod.
A pesar de todo los terrestres y sus aliados venusianos y marcianos no se resignarán a abandonar su hogar sin que antes intenten destruir a sus crueles enemigos. Así, mientras los rebosantes autoplanetas parten hacia sus lejanos destinos, la potente flota sideral combinada, recién equipada con los nuevos proyectores de luz sólida que sustituyen a los anticuados proyectores de rayos Z, marcha hacia Urano buscando trabar combate con los odiados sadritas, participando Miguel Ángel Aznar hijo en la expedición en calidad de ayudante del almirante jefe.
Iniciada la batalla, ésta se saldará con una resonante derrota de los terrestres; aun equipados con los nuevos proyectores de luz sólida, su táctica resulta ser demasiado conservadora para poder detener a los veloces y escurridizos omegas del enemigo. Cuando la situación está bordeando el desastre, y con el almirante muerto por un ataque del enemigo, Miguel Ángel Aznar se hace cargo del mando de la flota en una maniobra dudosamente legal y ordena a las naves supervivientes una revolucionaria maniobra que desbarata por completo a las fuerzas enemigas.
Gracias a la intervención de Miguel Ángel Aznar la batalla sideral se saldará finalmente con la victoria de los terrestres; pero éstos, perdidas en los preliminares del enfrentamiento las tropas de infantería, se ven imposibilitados de desembarcar en Urano, lo que provoca su retirada amarga sin haber podido destruir al enemigo a pesar de haber conseguido aniquilar completamente a su flota.
Concluye la novela con un toque sentimental nada frecuente en estas colecciones: La novia de Miguel Ángel Aznar, comprometida con él, le abandona a última hora para marchar con su familia rumbo a Redención. Este hecho, como veremos más adelante, vendrá a traer amargas consecuencias en un futuro.