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Llamarse con un nombre judío y un apellido ruso en los muy cristianos y occidentales Estados Unidos, tiene su miga. Isaac Asimov, el afamado escritor de ciencia-ficción y divulgador científico (1920-1992) tuvo sus historias respecto de su propio nombre. Asimov nació en Rusia, por lo que ponerle un nombre netamente judío tenía mucho sentido en una familia judía, pero al emigrar a Estados Unidos, la situación fue distinta. Debe recordarse que, hasta antes de descubrirse los horrores perpetrados por los nazis en los campos de concentración, el antisemitismo en los Estados Unidos era algo, quizás no especialmente respetable, pero sí al menos socialmente aceptable. Para quien quiera ver, ahí está la magnífica película EL SOL SALE PARA TODOS, de 1947, como un testimonio de esto.
Una vez en América, teniendo Asimov unos cinco años, discutieron el tema, y optaron por cambiarle el nombre manteniendo la inicial, de manera que pasaría a llamarse Irving Asimov. Pero el joven Asimov, según confesión propia, lanzó un alarido seguido de una rabieta lo suficientemente fuerte como para convencer a sus padres (por otra parte bastante testarudos, como solían estilarse los padres a comienzos del siglo XX, antes de la era de el psicólogo dice que no traumemos al pobre niño
). El hermano de Asimov, nacido ya en Estados Unidos, se llamó Stanley Asimov, por insistencia de la madre (ahí tienen otro chiste de madres judías...), y contra la opinión del padre y del infante Isaac, que preferían Solomon Asimov.
Andando el tiempo, a finales de la década de 1930, con Asimov acercándose a la veintena y entusiasmado con la ciencia-ficción no sólo como fanático lector adolescente sino también como escritor en ciernes, el nombre se transformó en tema para considerar. En las revistas pulp de la época (y así es como se publicaba la ciencia-ficción en aquel tiempo, en baratas revistas pulp, no en libros respetables), muchos escritores solían tomar seudónimos, a veces para esconder actividades tan vergonzosas, a veces para multiplicarse en varios géneros (un seudónimo para los policiales, uno para las de cowboys, uno para la ciencia-ficción...)...y a veces para enmascarar orígenes extranjeros, entre los cuales estaba la procedencia rusa o la judía (no era lo mismo un muy patriótico Western de rudos vaqueros escrito por un respetablemente anglosajón Jack Stark, que uno escrito por Yeshua Stressemann, por inventar dos nombres al azar). Isaac Asimov aspiraba a publicar en la revista Astounding Stories, la más respetable del género, pero su director, John W. Campbell, hombre patriota a carta cabal, gustaba de nombres cortos y muy americanos para los escritores. Pero se dio que Asimov vendió su primer relato a otra revista distinta, y cuando por fin pudo venderle algo a Campbell, éste dio por asumido que Isaac Asimov publicaría con su propio nombre, y no insistió en el tema.
Por supuesto que tener un nombre judío le hizo presa de quienes consideran que uno debería hacer honor a su tierra, su sangre, etcétera (existen cretinos cortos de sesera acá en Chile que piensan que porque vuestro seguro servidor el General Gato es chileno, debería limitarme a escribir sobre huasos o sobre el drama social chileno actual, en cuyo caso usted no podría leer Siglos Curiosos, que sólo muy tangencialmente han abordado tales tópicos). Asimov escribió en sus Memorias: Isaac Bashevis Singer escribe sobre temas judíos porque quiere hacerlo. Yo no lo hago porque no me apetece. Tengo los mismos derechos que él
. Supongo que vale para los judíos y también para los chilenos, y en general para toda la gente creativa que no quiere sentirse limitada por ser de tal lugar, raza, sexo, estirpe o condición.
Refiere que un día, inadvertidamente, dio una conferencia en un día que era Año Nuevo Judío. Le llamó por teléfono un judío para censurarle por su actitud. Asimov explicó que su relación con el Judaísmo era más bien tenue, que no había sido educado en la tradición judía, que no celebraba las fiestas, y que tampoco hubiera concurrido a la sinagoga. La respuesta.
—Eso no importa. Debería usted servir de modelo para la juventud judía. En vez de eso, se limita usted a ocultar que es usted judío.
—Perdóneme, señor, pero estoy en desventaja, usted sabe mi nombre, pero yo no sé el suyo.
—Me llamo Jefferson Scanlon (nombre dado en las Memorias, pero confesamente cambiado por Asimov, para proteger la identidad del culpable).
—Ya veo. Bien, si yo estuviese intentando ocultar que soy judío, la primera cosa que haría, lo primero, sería cambiar mi nombre de Isaac Asimov por el de Jefferson Scanlon...
Remata Asimov señalando que nunca más volvió a saber del majadero.
Las listas que siguen a continuación no han salido del trabajo minucioso de un grupo de sesudos eruditos, sino de suma de los votos que los visitantes de este Sitio han ido dejando a lo largo de los años. Por eso, a los más avezados lectores podrá parecerles simplista y hasta demasiado comercial, pero resulta ser una guía lo bastante interesante para iniciarse en el género sin traumas.