
Hace ya trece años que doy pedales por esos caminos de Dios.
Empecé en esto de muntanbaik tras doce años practicando atletismo y otros dos metido en un gimnasio. Lo del atletismo lo dejé por puro estancamiento, ni tenía la suficiente calidad como para destacar y el cansancio (aquello si que era entrenar) ya hacía mella, pero como no estaba dispuesto perder la forma física a la que había llegado, decidí mantenerla a base de levantar kilos y más kilos en un gimnasio de mi barrio.
Esto tenía otro inconveniente. Tras más de una década curtiéndome ante toda clase de inclemencias climatológicas, sudar encerrado entre cuatro paredes no era algo que me agradara especialmente, y pensé que volver a respirar aire puro mientras hacía ejercicio no sería nada malo. Volver al atletismo ya no tenía aliciente, otro tipo de actividad, como el fútbol, estaba más que descartada (lo odio cordialmente) así pues ¿por qué optar?
Se daba la circunstancia de que mi amigo Carlos siempre había sido un adicto a las bicicletas, de carretera, pionero en BMX pionero en muntanbaik... Un día le comenté el asunto y, tras discutir pros y contras me decidí, probaría con el muntanbaik. Obviamente estaba dispuesto a comprarme una de esas bicis de supermercado de 15.000 pelas, por ver que tal, ¡Y menos mal que Carlos me convenció de lo contrario! Me dijo: Tío, gastaté las pelas, lo agradecerás, No sabía exactamente que iba a agradecer, pero en vista de que el si sabía de lo que me hablaba hice que me acompañara de asesor biciclista y así, un sábado por la mañana, nos fuimos al Hipercor de San José de Valderas.
La elegida fue una America, taiwanesa importada por BH, que vestía una muy digna mezcla de Altus A-10 y A-20 (¡Mejores RapidFire Plus que los primeros STX!). 40.000 pelas del ala, una locura si se tiene en cuenta que la media de bici de hipermercado de la época estaba en esas 15.000 pesetillas que ya he comentado, pero tengo que decir que esos mil duros de diferencia fueron los que me viciaron con esto de las muntanbaiks.
Porque de haberme comprado una de esas otras muy probablemente habría renegado de este deporte a la semana. Pero gracias a que la America, pese a ser una bici de hiper, era una máquina muy seria, poco a poco le fui cogiendo el gusto a eso de salir al campo con la bici, y poco a poco fui mejorándola, que si unos pedales automáticos por aquí, que si una horquilla de suspensión por allá, que si una potencia más larga, que si esos cuernos, que si… ¡esta bici se me ha quedado corta!
Había que dar el paso cualitativo, la America no daba más de si, a igualdad de condición física su generosas cantidades de buen acero sin conificar, sus 36 radios por llanta, su manillar de hierro su talla por debajo de lo que necesitaba... todo ello y más hacía que me quedara atrás en las salidas con amigos y conocidos. Y me decidí a comprarme una bici seria y así me hice con la Marin Pine Mountain.
Una maravilla, cromoly del bueno, conificados para aburrir, llantas ligeras, la mejor horquilla de aquel entonces (la Mag-21 del 94 fue la última con barras de aluminio) y una ligereza que me hacía subir por los lugares más inverosímiles como si estuviera llaneando.
Y ahora viene la gran pregunta ¿qué es lo que lleva a un tío como yo, con una bici estupenda, y que se lo pasa pipa saliendo al campo para hacer kilómetros y kilómetros a lomos de la Pine a cambiar de bici y comprarse el monstruo ese que está ahí al lado?
Pues muchas cosas. Desde la necesidad de darle un descanso (relativo) al cuerpo, a un cierto aburrimiento y la inquietud esa de pensar ¿y como se bajará esto con una doble? Está claro que no es una decisión de un día para otro. Unas veces porque llegaba a casa deslomado y con los brazos rígidos de tanto absorber baches infinitos, otras porque bajando (no es que sea buen bajador, todo lo contrario) por esa cuesta que se me da tan bien notaba que necesitaba algo más, y otras, porque vamos a engañarnos, porque babeaba delante de las revistas contemplando tal o cual maravilla de la técnica.
Así que un día me decidí al fin y tras una buena hora y media de discutir con Nuria, mi bicicletera favorita, señalé el monstruo negro y dije eso de esta, pa mi
Un video experimental ;) Ojo, son casi treinta megas en DviX y no es para morirse de emoción, pero fue divertido prepararlo. También está disponible sin comprimir, pero para lo que hay que ver cincuenta megas como que no valen la pena ;)
Para los que no puedan aguantar la curiosidad, también en Google Video
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