
En 1967, James Tiptree Jr. irrumpió en el panorama de la ciencia-ficción estadounidense. Con sus relatos y novelas impresionó al mundo literario con sus temáticas y frescura de ideas, inusuales hasta aquel entonces.
Bajo este pseudónimo se escondía la escritora Alice B. Sheldon. Nacida en 1916 en el seno de una familia de espectro intelectual. Desempeñó un gran número de trabajos, entre ellos artista gráfica, crítica de literatura, y —con la Segunda Guerra Mundial— trabajó en el grupo de fotointeligencia de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos. Tras finalizar la guerra entró a trabajar para la CIA, aunque en 1955 abandonó para retomar sus estudios universitarios. Completó la carrera de Arte y posteriormente se especializó en Psicología Experimental.
A partir de 1967 comenzaría su carrera como escritora de ciencia-ficción, si bien su primera historia apareció publicada en el New Yorker en 1946. Empezó a usar el pseudónimo Tiptree —tomado del nombre de un tarro de mermelada—, que usó hasta bien entrados los años 70.
Aunque se sospechaba que Tiptree era un pseudónimo, sus colegas nunca sospecharon que podía tratarse de una mujer, aunque el descubrimiento de su verdadera identidad nunca mermó su fama o elogios.
Tras la muerte de su marido en 1987, Sheldon decidió suicidarse al mismo tiempo, aunque no era su primer intento de tomar esa decisión. Aparecieron ambos muertos en su casa de Virginia. Tenía 71 años.
En su extensa obra —compuesta fundamentalmente por relatos cortos— Sheldon fue una escritora ecléctica, cultivando gran variedad de géneros y estilos, tomando tanto elementos de la ciencia-ficción más científica, como de la social, y añadiendo elementos experimentadores que estaban en alza en esos momentos con la llamada Nueva Ola. Si bien muchas de sus historias tenían claras reminiscencias del space opera o las historias pulp de los años 30 y 40, pero con un tono mucho más oscuro y a veces desesperado, lo que más las caracterizaban eran el deseo sexual (sublimado muchas veces entre humanos y alienígenas) el libre albedrío y el determinismo biológico.