Cuando Pascual Enguídanos abordó la continuación de la Saga de los Aznar casi veinte años después de que interrumpiera ésta (UNIVERSO REMOTO, número 31 de la segunda edición, es la primera novela inédita que continúa la Saga y en la que se describe por vez primera El Circumplaneta.), uno de sus hallazgos iniciales fue el del Circumplaneta, un inmenso astro de forma toroidal (es decir, de neumático) construido artificialmente por los barpturanos, una raza legendaria que permanece desmaterializada en las máquinas karendón hasta que es rescatada por los valeranos. El Circumplaneta, bautizado por los Valeranos con el nombre de Atolón, tiene un diámetro superior al de la órbita de la Tierra, lo que determina que su superficie habitable (la cara interior, pues la exterior está sumida en la oscuridad y cubierta de hielos eternos) sea incomensurablemente mayor que la de cualquier planeta conocido hasta entonces, incluido el gigantesco Redención. Buena parte de la segunda etapa de la Saga de los Aznar tiene por escenario El Circumplaneta, el cual vuelve a ser visitado por los Valeranos UN MILLÓN DE AÑOS después de su partida, tiempo durante el cual Atolón se ha partido en varios pedazos que no afectan, no obstante, a su habitabilidad.
Evidentemente un astro de tan ingente tamaño y perfectamente habitable en todo su perímetro ha de ser asiento de diversas razas, normalmente enfrentadas entre sí aunque cabe suponer que habría espacio para todos: Los barpturanos, lógicamente, puesto que fueron sus constructores; los Valeranos y los tapos, descendientes mestizos de ambas razas; las feroces mantis; los enigmáticos ghuros y, finalmente, los tenaces thorbods. La invención tardía del Hiperplaneta, astro todavía más inmenso, hizo que Enguídanos lo olvidara, lo cual no deja de ser lamentable dado que todavía podía haber dado mucho juego.
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