La Memoria Estelar
¿El propósito oculto es embrollarlo todo?
Ángel Torres Quesada

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Es que no tengo remedio. ¿Será por la edad? Probablemente.

¿O será que me tienen ya hasta lo mismísimos cataplines? Debería rectificar, porque me he impuesto la obligación de ser políticamente incorrecto y llamar las cosas por su nombre, o por el nombre que yo pienso que las cosas deben llamarse. Pero permítanme que no pronuncie por esta vez una de las palabrejas que últimamente tanto se prodigan en los medios de comunicación, la radio o la tele, porque hay que ver lo que ahora largan en cualquier tertulia, sea sobre política, fútbol o de sublime cotilleo en los que salen tantos personajes a los que tengo el placer de no conocer.

Esto viene a cuento porque no hace mucho me enteré que las féminas directoras de cine se van a beneficiar de una disposición que garantiza que, en al menos la mitad de los proyectos presentados, y a igualdad de condiciones técnicas, ellas se verán premiadas con la subvención de turno para sus paridas peliculeras en perjuicio de sus colegas varones. Viva la Igualdad, es el grito que se me ocurre lanzar, que no lanzo para que nadie piense que lo hago de corazón. Para mí, y allá que cada cual opine como le parezca, faltaría más, es como si se convocara un premio literario y en las bases los promotores informasen que, a la hora de emitir el fallo, si hay una finalista y un finalista —¿o debo llamar al varón finalisto para que sea correcto?—, a empate a puntos el premio recaerá en la señora o señorita. Vamos, que se aplica a rajatabla la famosa ley de la Discriminación Positiva, ese disparate con un título que, por contradictorio, considero aberrante, porque una discriminación nunca puede ser positiva. Si no, busquen en el Diccionario. Otro ejemplo de agresión gramatical es el ya tan manido futuro plan al que osan llamar de Economía Sostenible, con el que confían cambiar las leyes del mercado en este nuestro País, con el supuesto sano propósito de ayudar a salir un poquito de la crisis. En mi modesta opinión, el asunto es para enviar a la escuela, a Secundaria o a Párvulos, a quienes pergeñen un proyecto económico que no se pretende que sea sostenible. Porque si no se va a sostener, ¿de qué va a servir? ¿Para cancelarlo a los pocos días? Sospecho que recalcan que sea perdurable por algo. Por algo que les interesa a ellos, claro. Es decir, para joder un poco más a la marrana y volver a la perdiz más carajota de tanto marearla.

Vamos a ver. ¿Si yo contrato un arquitecto para que me construya una casa —si, ya sé que la construirán los albañiles a las órdenes de los capataces y bajo la supervisión del perito aparejador, que ahora se llama de otra manera más fina— le tengo que pedir que se sostenga —la casa—, que no se caiga al día siguiente o dentro de un mes o una semana, sino que me dure varias décadas? ¿Verdad que no? ¿Se apuestan a que a partir de ahora se van a presentar más directoras que directores de cine en busca del chollo de las subvenciones? Aunque ellas no dirijan la película, sino su pareja, las señoras y señoritas serán mayoría. Es que esto va a ser un coladero, oigan. ¿Son así de tontos los que redactan las normas, o saben muy bien lo que va a pasar y es un truco para aumentar las prestaciones? Esperemos unos meses para salir de dudas.

Tranquilos que ahora les voy a hablar de Ciencia-ficción, que lo del principio sólo ha sido para calentar mi neuronas, como hacen los futbolistas cuando su entrenador les ordena que salgan a correr porque va a sustituir a fulano, que no da pie con bola en el partido, nunca mejor dicho.

Es que al poco de conocer que las ayudas al cine patrio serán ampliadas a las directoras, o sea a las miembras de ese pequeño colectivo de mujeres que nutren con tantas maravillas nuestra nunca bien ponderada cinematografía, me he enterado que las pelis de cierto oscarizado director reciben subvenciones a patadas. O sea, que no le cuestan un duro, les salen gratis, se amortizan, gana una pasta y el hombre está tan forrado que tiene hasta su SICAV particular, ese tejemaneje legal que data de 1985, para que los beneficios de los envidiados poseedores de grandes fortunas sólo paguen al fisco el uno por ciento de sus beneficios y plusvalías. Acabo de leer que la Ministra del ramo marchito, es decir de Economía, ha insinuado que el Gobierno piensa, tiene el proyecto, tal vez lo haga o tal vez no, de revisar al alza lo que pagan los que tienen más pelas para que no se las lleven fuera de España, que aquí hacen mucha falta. Créanme si les cuento que de la existencia de las SICAV me he enterado recientemente, hará como un año o por ahí. Qué calladito se lo tenían. He llevado a cabo una encuesta particular entre mi amigos del alma y ninguno tenía pajolera idea de lo es ese entramado financiero, que al parecer nos hace a todos los españoles más iguales. Orwell se estará relamiendo de gusto donde esté, si es que está en condiciones de presenciar la ridícula comedia a la que nos obligan a intervenir como silenciosos comparsas.

Como a todo hay que sacarle su punta, me puse a cavilar y el asunto ese del celuloide me ha dado la idea para una historia de ciencia-ficción, que por supuesto no la voy a anticipar aquí no vaya a ser que me la pisen, o se echen a reír si les parece un churro. Sólo les anticiparé que será en un futuro inmediato y en este país nuestro. Un momento. ¿Nuestro? Pues va a ser que no, que cada día que pasa se me antoja que es más de otros que de la mayoría. O se han creído que es de ellos y pueden hacer un sayo con la piel de toro. Miren que es casualidad: los toros tienen cuernos. A ver quiénes nos los están poniendo y nosotros sin enterarnos. O sí nos enteramos pero nos tapamos los ojos y taponamos nuestros oídos para no ver ni oír nada y nos resignamos a sentarnos ante la tele y poner las pupilas como platos cuando echan un partido, que ahora los retransmiten un día sí el otro también, pagando o de balde. Pan hay todavía, pan aún queda, pero había que echarle al escueto menú panadero, sino circo, porque ya no se lleva, sí mucho balompié y así discutimos si es mejor el Barsa o el Madrid, porque la liga se ha puesto de una manera que ya sólo la juegan esos dos equipos y los demás clubes van de teloneros, a ver quiénes reciben menos goles cuando se enfrenten a los galácticos-siderales-estelares actuales.

A ver si termino el cuentecito de marras que anda dando vueltas en mi cerebro y lo presento a un concurso del que me han hablado, en el que, si se da el caso de empate a la hora de elegir el ganador, prima la edad. O sea, que al más viejo le dan cinco puntos si acredita que tiene más de equis años. Si participo, dispondré de cierta ventaja. A ver si va a ser verdad que la discriminación positiva no es tan mala como algunos pensamos.

Ya que esta Memoria es un batiburrillo, añado que las pelis que alquilo en el videoclub, las estrenadas hace tres meses, son de un oscuro que no se ve nada de nada en las escenas nocturnas. ¿Será la tendencia actual, lo moderno, lo guay? Ganas me entraron hace unos días de llamar al técnico para que mirase mi LCD, pero un amiguete me dijo que a él le pasaba lo mismo y que algunas películas son así de extrañas. Por cierto, todavía no me he bajado una peli por Internet, y no porque sea más honrado que nadie, sino porque no he aprendido a hacerlo, pero, sobre todo, porque eso de esperar 10 o 20 horas a que termine la descarga se me antoja una lamentable pérdida de tiempo. Además, son unas copias malas malísimas. Para concluir, leí el otro día que un abogado ganó un pleito —creo que fue en Sevilla— y tuvieron que devolverle el canon de un puñado de CDs que había comprado y utilizado, porque demostró que sólo los había usado para su trabajo de picapleitos, no para piratear. El tal letrado tenia la ventaja de que no iba a pagar la minuta que le presentara un colega. Como no soy abogado, pues me aguanto cuando compro unos discos para guardar mis cosas, las fotos de familia y, sobre todo, las de mis nietos, a los que grabo cuando celebramos sus cumpleaños. Pero, por si las moscas, les pido que no canten, no vaya a ser que los espías de la SGAE me exijan que les apoquine un pastón por entonar eso de feliz en tu día.

Terminado este trabajo placentero, prometo que la próxima Memoria versará sobre algún recuerdo mío, lejano o cercano. Por supuesto estrechamente ligado a la Ciencia-ficción. Si incumplo la promesa, volveré a garantizarles que lo haré en la siguiente entrega. Palabra de político.

Ángel Torres Quesada, 23 de septiembre de 2009

Creado: 1 de octubre de 2009
Última actualización: 06 de noviembre de 2011 a las 10:58  Bienvenida  Mapa del Sitio  Enlace permanente