CONOCERÁS A TU ENEMIGO

A modo de prólogo

Los acontecimientos que se relatan en EL CONVOY, tuvieron un antes y un después. Para ser precisos hay que decir que fueron muchos antes y muchos despueses y que casi todos merecerían ser narrados. En la parte épica, término que suena mejor que trágicos o terribles, habría que comenzar —las obras completas de la humanidad no son asunto a considerar— con la guerra que asoló la Tierra terminando con la llamada civilización occidental y sus últimos supervivientes huyendo al espacio desconocido y a continuación, hacerle un hueco a su larga diáspora y a Mauricio Malasaña, el gran conductor de hombres, un poco tarado, todo hay que decirlo, que se empeño en que para resugir de las cenizas lo adecuado era recuperar los valores y tradiciones de su periodo preferido de la historia. La fundación de la segunda Roma en un planeta perdido de alguna galaxia —algunos argumentaron que el ordinal no era apropiado puesto que Constantinopla incluso Moscú ya habían optado en el pasado a ser la segunda o la tercera, pero por lo que se ve no tuvieron éxito— y su posterior expansión fue en gran parte mérito suyo. Un poco después ya asentados y prósperos, siguiendo una arraigada costumbre entre los humanos, se desencadeno la guerra civil, aunque fue breve y no tuvo especiales consecuencias.

También son dignas de entran en los anales las hazañas de los hombres de ciencia. El como Emilio Sánchez y Andreas Dikoudis, dos oscuros y despreciados físicos, demostraron la existencia del gigaverso —o megaverso o multiverso segun las corrientes—, el algo donde las leyes de la física desaparecen y los infinitos universos tienen su origen y desarrollo, es una historia clásica de errores conceptuales y éxitos prácticos que posibilitó la navegación interestelar y por desgracia la guerra moderna, pero no podríamos entrar en ella sin abordar complejas ecuaciones y abstrusas teorías que no sin motivo terminaron siendo conocidas como física aberrante.

Y ya puestos no podemos olvidar los momentos de rutina diaria, los periodos de paz y bonanza que afortunadamente no son interesantes, que nadie cuenta y que todos echamos de menos cuando han pasado.

Demasido que contar, demasiado amplia la extensión de tiempo y espacio que abarcar para que estos relatos fuesen rigurosos y poco el tiempo, el ingenio y los datos disponibles —las guerras y los éxodos obligados se llevan con los archivos y los datos objetivos—, de modo que estas aventurillas espaciales se limitarán a los periodos que me han parecido bien sin más criterio que el mío, matizando, en este caso que hay poca discusión entre los expertos sobre la importancia que para la historia del planeta llamado Roma tuvo el hecho que se narra a continuación.

© Jacinto Muñoz Vivas
10 de marzo de 2011

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