Max Headroom

MAX HEADROOM
EE.UU., 1987
Título original: Max Headroom
Dirección: Tommy Lee Wallace, varios más
Guión: Steve Roberts, varios más
Producción: Brian E. Frankish
Música: Cory Lerios
Fotografía: Paul Goldsmith
IMDb:
Reparto: Matt Frewer (Edison Carter); Amanda Pays (Theora Jones); Chris Young (Bryce Lynch); Jeffrey Tambor (Murray); George Coe (Ben Cheviot); Lee Wilkof (Edwards); Virginia Kiser (Mrs. Formby); William Morgan Sheppard (Blank Reg)

Veinte minutos en el futuro: era el corto viaje que proponía en cada episodio la ciberpunk Max Headroom, una serie fascinante, sofisticada, irónica, original, que duró... 14 capítulos. Pero qué inolvidable, qué unánimemente aplaudida, qué objeto de culto para los amantes de la ciencia-ficción.

La historia arranca en 1984 cuando el Canal 4 de Londres se asocia al sello Chrysalis para producir un programa de videoclips conducido por un animador virtual. Este conductor no podía salir del ciberlimbo: tenía que tener un pasado, una personalidad, tenía que ser creíble. La historia de Max iba a dividirse en episodios de cinco minutos a intercalar entre los videoclips. Pero el proyecto se agigantó y terminó en una película para televisión llamada 20 MINUTES INTO THE FUTURE, protagonizada por el actor canadiense Matt Frewer. Tanto la película como el programa musical hicieron furor en Inglaterra y Max Headroom se agenció un contrato en EEUU para publicitar la New Coke. La New Coke fue un rotundo fracaso, pero Lorimar adquirió en 1987 los derechos del personaje y produjo los 14 capítulos de la serie. El primer episodio fue una versión más corta de la película inglesa con los mismos protagonistas principales.

Edison Carter es un reportero comprometido capaz de ventilar hasta los trapos sucios de la Cadena 23 para la cual trabaja. Sus jefes lo toleran sólo porque el rating de su noticiero en vivo es consistentemente alto. En el transcurso de una investigación, Carter sufre un sospechoso accidente que casi acaba con su vida. Temerosos de perder audiencia, los directivos de la Cadena 23 le piden al joven genio Bryce Lynch que haga una copia de la mente de Carter y la meta en la red de la estación. La copia toma vida y se autobautiza Max Headroom, las últimas palabras que ve Carter antes del accidente (Max. Headroom = Altura Máxima, Carter choca contra una barrera que dice Altura Máxima = 2.3 m) Pero, como suele ocurrir, la criatura tiene sus propias ideas: Max es ingobernable, egocéntrico, hace chistes políticamente incorrectos cuando presenta las noticias e interrumpe la transmisión cada vez que se le antoja. El escenario donde transcurre la historia es un mundo de brutales contrastes entre poderosos y marginales, donde la televisión y los puntos de rating lo controlan todo, donde se trafican cadáveres, donde la tanda puede comprimirse a mensajes de tres segundos que penetran en la mente de los espectadores haciendo explotar (literalmente) a algunos. Una persona no existe si sus datos no figuran en las computadoras y el peor delito es quedarse sin crédito.

En los 80 el subgénero literario ciberpunk estaba en vigorosa expansión (William Gibson publicó NEUROMANTE un año antes del nacimiento de Max) Sus temas: el contraste entre los poseedores de las nuevas tecnologías y los tecno-analfabetos, grandes corporaciones gestionando los destinos del mundo, los medios como instrumento de control social, y sobre todo, la fusión hombre-máquina.

Matt Frewer encarnaba a los dos personajes: el reportero Carter y su alter ego virtual. A pesar de lo que piensa la mayoría Max Headroom NO era una animación: la serie se filmaba con el actor bajo una máscara de goma y después de 4 horas de maquillaje. Los fondos y demás efectos especiales se agregaban posteriormente con una Amiga 1000. Después de Max Headroom, Frewer tuvo una carrera irregular, básicamente centrada en la televisión, con especial éxito en el doblaje de personajes animados.

Como su temática le vaticinaba, la serie se hundió por falta de rating. Posiblemente la mezcla de ingenio, estética a lo BLADE RUNNER, humor negro y crítica social descarnada resultó demasiado agobiante para el público norteamericano. Hay que reconocer que no era fácil entender a Max con su característico t-t-t-tartamudeo.

Estudiosos y críticos han elogiado la serie por la inteligencia de sus guiones, su visionaria percepción del futuro y sus satíricas reflexiones sobre el poder y la (falta de) ética de los medios. Los espectadores simplemente extrañamos a Max: la televisión nunca tuvo un conductor virtual tan creíble ni la más negra distopía un cicerone tan divertido.

© Silvia Angiola, 26 de noviembre de 2007

Creado: 26 de noviembre de 2007
Última actualización: 20 de junio de 2010 a las 12:28  Bienvenida  Mapa del Sitio  Enlace permanente