-Belphegor (según el diccionario infernal de Collin de Plancy): Demonio de descubrimientos e invenciones ingeniosas. Divinidad de los Moabitas denominado por ellos Baalphégor ya que lo adoraban sobre el monte Phégor
En 1966 Televisión Española en su primera cadena, y en un horario estelar nocturno, comienza a emitir Belphegor el Fantasma del Louvre, compuesta por 13 episodios de 26 minutos cada uno.
Esta serie para mayores de 18 años, y por tanto con sus dos rombos de rigor, consigue que los españoles permanezcan durante varias semanas pegados al televisor para averiguar qué se esconde detrás de la máscara de cuero del fantasma. Consigue un share del 98%, es decir que de cada cien personas que veían la televisión 98 estaban disfrutando con Belphegor.
¿Cómo es eso? ¿Tan buena era?

Hombre, no estaba mal. Aunque la verdad es que en esa década sólo había una cadena y cuarto (el UHF no llegaba a provincias o llegaba de manera deficiente) y claro, como bien dice Narciso Ibáñez Serrador, o veías TVE o no veías nada. De ahí el éxito de los programas y de que todos los que nacimos en esa época recordemos lo mismo, puesto que no teníamos la posibilidad de alternativa
La historia se remonta a 1927 cuando Arthur Bernède publica ese mismo año, en Le Petit Parisien, BELPHEGOR, UNA NOVELA DE AVENTURAS MODERNAS. Su publicación, en forma de serial, constó de dos partes que se titularon: DE MISTERIO EN MISTERIO y EL FANTASMA NEGRO. Inspirada en la moda de la época, la aventura se desarrolló en un ambiente exótico, con mitos extraños y arcanos misterios. El autor trajo a un París de los años veinte un misterio ancestral relacionado con la magia. Como ocurría con las aventuras de Holmes, aunque existe un trasfondo misterioso y sobrenatural, el enigma es explicado sin tener que recurrir a lo mágico.
Arthur Bernède fue un reconocido autor de folletines que llegó a escribir mas de 200 obras entre las que destacan el HOMBRE DE LA MÁSCARA DE HIERRO y su creación del personaje Vidocq, de moda actualmente por la versión interpretada por Gérard Depardieu y dirigida por Jean-Christophe Comar titulada precisamente VIDOCQ. Bernède ha sido considerado como uno de los pioneros de la moderna novela de espionaje.
En el mismo año de 1927 se realizó una película muda dirigida por Henri Desfontaines que adaptaba al cine la novela. Desfontaines había creado junto con el famoso Gastón Leroux (EL FANTASMA DE LA OPERA, EL MISTERIO DEL CUARTO AMARILLO), la sociedad Ciné-Romans especializada en la realización de folletones o seriales para el cine que adaptaban muchas de las novelas aparecidas en los quioscos de la época
La serie, que vimos en España, fue la versión para televisión producida por Antenne 2 en 1965, para nuestro vecino y gabacho país. En Francia se emitió el 11 de marzo del mismo año a las 20.30 horas de un sábado. Esta versión original que pudieron disfrutar los franceses constó de 4 episodios de 80 minutos cada uno de ellos. El éxito en ese país fue impresionante. Los que no tenían televisión acudían a las casas de los vecinos más pudientes para ver los episodios. Se convirtió rápidamente en un icono del que todo el mundo hablaba. Incluso llegó a eclipsar las elecciones municipales francesas de ese año. La serie reunía muchos elementos que la hicieron muy atractiva: misterio, bellas mujeres, villanos clásicos, el Louvre y París,!oh Paris¡La ciudad luz.

En España no se tiene constancia de un éxito tal, y desde luego era impensable que eclipsara unas elecciones, ya que no las había. Recuerdo que yo la veía a escondidas, refugiado detrás de un sillón del cuarto de estar, pensando que mis padres no se enteraban de que estaba allí (cosa imposible ya que cada vez que aparecía el fantasma yo gritaba) Pasaba mucho miedo aunque no me enteraba mucho del argumento. Al día siguiente la comentaba con los compañeros de colegio que la habían visto en iguales condiciones.
Una primera imagen a recordar es la visión del propio fantasma: alto, muy alto y delgado, muy delgado. Una túnica negra le cubría completamente el cuerpo y una máscara de cuero le daba un aspecto fúnebre y extraño. Los decorados y las grandes galerías, con sus ventanales y escaleras laberínticas, daban una sensación de desolación y soledad que venían muy bien al film.
La trama comienza con un rumor que circula por el vieux París: un fantasma se pasea por el museo del Louvre como Perico por su casa. Uno de los guardianes del museo, Gautrais, (llamado Glu-Glu por su afición a los buenos vinos de Burdeos) lo ha visto e incluso ha disparado contra él. Como es natural la historia no es creída por nadie y el director del museo le amenaza con el despido fulminante si sigue empinado el codo. No obstante el jefe de los guardianes del museo, Sabourel, decide quedarse en la misma sala donde se dice que apareció el fantasma durante la noche. Lógicamente se encierra sólo en la sala, en vez de ir acompañado de todos los vigilantes. Como consecuencia de su irreflexiva acción (estos guionistas...) al día siguiente es encontrado muerto, aparentemente asesinado, en la sala denominada de los dioses bárbaros. La sala es precintada y es ya la policía la que interviene en la investigación al haberse producido un asesinato.
Un joven estudiante, André Bellegarde, decide investigar por su cuenta y permanece en el museo después de su cierre. Allí se encontrará con una preciosa chica, Colette, y lo único que conseguirá es participar involuntariamente en una trampa que la policía ha propiciado para capturar al fantasma que, por supuesto y ya que aún estamos en el tercer o cuarto episodio, escapa sin mayores problemas. Esta es la primera aparición de Belphegor: arremetiendo y golpeando tanto a André como a la policía.

A partir de ese momento la serie empieza a disgregarse en varios sub-argumentos con una hilazón común: el fantasma y el entorno del museo. El comisario Ménardier, padre de Colette casualmente, dirige la investigación en la que van surgiendo diverso personajes a cual mas misteriosos, como el millonario Boris Williams o la enigmática Laurence Borel, que se dedica a perseguir, con fines nada platónicos, a André que no desdeñará esas insunuaciones y caerá rendido a sus pies.
¿Quién es Belphegor? ¿Es un demonio o es Él Demonio? ¿Sólo es un loco?
A lo largo de los episodios se va desarrollando una trama de investigación e intriga que tiene por centro geográfico el museo. Éste, se descubre como misterioso y con lugares recónditos y muchísimos pasadizos secretos en su sótano. Inspirado directamente en el Fantasma de la Ópera, podemos ver enormes galerías subterráneas y laberintos, en los que los protagonistas se van introduciendo a la búsqueda de Belphegor. Por otra parte, el protagonismo de André está insertado dentro de un triángulo amoroso, ¡estos franceses, que bien viven!. Uno de los vértices es Colette, nombre mas que adecuado para una francesa, el segundo la bellísima Laurence y el tercero nuestro André. Y por si esto no bastara, el protagonista se ve inmerso en el mundo de la investigación en colaboración-oposición al comisario a fin de descubrir el misterio que envuelve el famoso museo.
La aparición del ya nombrado millonario americano Williams, en un papel que es remedo del famoso Nostradamus, hará que el joven se vaya enredando aún más en la trama que acabará con el descubrimiento de un secreto perdido hace siglos: el metal de Paracelso, ocultado por la orden de los Rosa-Cruces varios siglos atrás.
Este fabuloso metal tiene propiedades únicas y, como por fin descubrimos, la misión de Belphegor consiste en encontrarlo. Dominado por Williams, el fantasma, o la persona que lo encarna, vagará por el Louvre en busca de ese tesoro y no reparará en medios para conseguirlo.

Todos los espectadores esperábamos, comiéndonos las uñas, conocer la identidad del fantasma. Aunque el director, hábilmente, se encargó de ocultarla hasta el último episodio. Belphegor era muy alto con lo cual ninguno de los protagonistas encajaba en el papel. Pero bastaba fijarse un poco en el negro fantasma, para observar que llevaba unos impresionantes zapatos de plataforma que aumentaban su altura 30 o 40 centímetros. El hábil espectador podía deducir que cualquiera de los personajes podía ser el fantasma. Por fin descubrimos que era la guapísima Juliette Gréco, en su papel de Stéphanie Hiquet, gemela de Laurence, la que se disfrazaba de fantasma. Esto no era voluntario sino que se veía sometida a la voluntad de Williams ya que éste poseía unos notables poderes hipnóticos
Y así terminó la serie que mantuvo en vilo al menos a dos países de la Unión Europea. Un final feliz ya que André y Colette se unen, y Ménardier consigue descubrir e identificar al asesino.
En el año 2000 se produjo y realizó en Francia una película que recupera el mismo personaje y con el mismo título (en España se estrenó en julio de 2002 con el título de LA MÁSCARA DEL FARAÓN) Ha sido dirigida por Jean-Paúl Salomé y con Sophie Marceau en el papel de Lisa/Belphégor. Juliette Gréco hace un pequeño cameo interpretando a la dama de negro (papel inspirado en el original de Lady Hodwin) Esta versión desfigura lo que es el mito del fantasma e intenta ser una réplica francesa al éxito de LA MOMIA, con un predominio de los efectos especiales por encima del guión y del misterio. Es una película aceptable y destacable por la presencia del icono francés Sophie Marceau.
[1] François Vidocq es un personaje que existió realmente. Fue soldado durante la Revolución Francesa y terminó siendo jefe de la Sureté en el Paris de Louis Napoleón. Este policía inspiró varias novelas. Victor Hugo lo usó para su Jean Valjean y Balzac para su personaje de Vautrin.
[2] Si visitan actualmente el Louvre verán que las galerías dedicadas al antiguo Egipto y a las culturas mediterráneas antiguas, recuerdan mucho a las que se ven en la serie. Es una interesante sensación el estar allí y pensar que en cualquier esquina puede surgir el fantasma.